La noticia me cogió el martes en Sierra Nevada comiendo al lado del hotel, mientras engullía un plato de spaghettis bolognesa con la habitual ansia de quien ha estado toda la mañana practicando deporte.
Inconscientemente, desafiaba al viejo tópico que nos acusa gravemente (a los hombres) de no ser capaces de hacer dos cosas a la vez: de este modo, mientras una mano se responsabilizaba de las funciones del tenedor, la otra se encargaba de explorar el mail gracias a los increíbles avances en tecnología móvil. Y así es cómo me enteré. A través de un insignificante correo electrónico.
Mi reacción fue instintiva. Cerré los ojos y alcé los brazos al cielo como Rafa Nadal cuando gana Wimblendon. Ante la mirada de propios y extraños lo primero que solté fue "soy finalista". Lo segundo fue "menos mal". Me sentía mucho más aliviado que contento, pues temía probar por segundo año consecutivo el amargo sabor del fracaso, y decepcionar de paso al que, quien más o quien menos, guarda la más mínima esperanza o confianza en mi. Huelga decir que por la noche lo celebré dignamente bien acompañado y con un par de botellas de vino.
Tengo que terminar diciendo que suelo ser pesimista por naturaleza, y sospecho que llevarme el gato al agua es de lo más improbable, por no tachar la efeméride de imposible. Sin embargo, también soy bastante soñador, y hasta que no se produzca el fallo del jurado viviré discretamente con la misma ingenuidad con la que vive un iluso.
Parece que este año empieza mejor. ¡Saludos, besos y abrazos!
P.D.: Si os sentís generosos, podéis votarme en el siguiente enlace: votaciones.
P.D.2: Para ver de nuevo el corto, y si se da el caso comentarlo: ficha.
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