7 de septiembre de 2010

Cóctel relativamente saborío

Si no he escrito antes ha sido porque no sabía sobre qué escribir. En estos momentos tampoco estoy muy seguro qué contar. Tenía pensado hablar unos párrafos sobre mi vida, como he venido haciendo de forma variable desde que un día empecé sin venir a cuento, pero mis escasas hazañas y mis pocos desatinos harían de la crónica un cóctel de lo más saborío. Aún así lo intentaré.

El verano se está esfumando con las mismas prisas con las que llegó. Lo más destacable ha sido, hasta ahora, la típica escapada a Marbella, que en esta ocasión volvió a ser protagonizada por Bill, por Wes y por mi (Klaus) tres años después de nuestra inolvidable y legendaria anécdota del casino. Estuvimos a punto de rememorar viejos tiempos porque interpretamos ciertas coincidencias con respecto al pasado que nos hacían presagiar nuestra venganza a la banca (era jueves y también pinchaba en Dreamers Bob Sinclair). Ante nosotros teníamos la posibilidad de cerrar el círculo. De volver apostar 50€ cada uno en la ruleta, esta vez al negro, y recuperar lo que un día perdimos por dejarnos llevar por el rojo.

Sin embargo, finalmente evitamos mezclar nuestra suerte con la incertidumbre del azar y nos ceñimos a nuestra agenda, la cual nos tenía reservada una botella en un garito de esos de moda. Llegamos al enclave algo tocados de casa (donde hicimos el ganso como manda la tradición, salmón incluído), y tras mis más y mis menos con el gerente del lugar por confusiones personales varias, accedimos al interior. Nos sirvieron una botella de White Label (no podía ser Johnnie), y como su coste era cero, decidimos tirar la casa por la ventana y nos hicimos con una cachimba de tabaco con sabor a menta fresca por 30€.

El tiempo que tardamos en bebernos la botella estuvo condicionado casi totalmente por motivos relacionados a la extraña rumorología que corría por allí, y es que, sin intención de infundar la duda en el lector, ni inducir a malos pensamientos sobre los tres protagonistas de esta inocente historia, es honesto confesar que aquello era lo más parecido a un club de alterne magistralmente disfrazado, insuperablemente discreto, donde mi ojo clínico era incapaz de diferenciar a las integrantes de un bando y a las del otro. Zanjando la curiosidad, la noche acabó sin mayores incidencias, exceptuando la tarifa inflexible del taxista.

En cuanto al resto del verano, no hemos podido disfrutar de ningún viaje extraordinario porque, entre otras cosas, mi querido hermano tiene el alma en vilo con la apertura del nuevo bar, y en estos casos es mejor supeditar el ocio al deber.

El resto de cosas, lo de siempre. La paciencia gobierna autoritariamente, pero con mi visto bueno, mi vida. Me he propuesto publicar en la red, lo antes posible, Puños de paraguas y Cómo ideé 'Vázquez, El cobrador del frac', este último ya ha sobrepasado el año y medio desde que se llevó a cabo su rodaje, hecho que no dudo de tachar de imperdonable y vergonzoso. Cuando me quite de encima estos dos trabajos, comenzaré a perfilar dos proyectos para el notodo de este año, los cuales ya tienen al menos su guión (si por escribir fuera). Y lo demás, ya veremos. Todo lo veo tan lejos que no quiero ni mirar.

Editado: He cambiado la fotografía por petición expresa de Bill. He puesto ésta donde al menos sale su cerveza.

"No te recrees en el patet-ismo... de la borrach-era."

1 comentarios:

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