A lo largo de mi vida he representado infinidad de papeles y personalidades. He sido un mentiroso y un cobarde. Un depresivo visceral. Un cerdo, un ingenuo, un infeliz. A veces un inútil. Pero también he sido amable y noble. Respetuoso siempre y cuando no era mentiroso ni cerdo.
Lo cierto es que yo quería ser frío y calculador, como el agente 007. O una de esas personas bohemias que siempre tienen algo interesante que decir, un punto de vista nuevo que mostrar, pero sin llegar a parecer gilipollas. Por cierto, también he sido un gilipollas de los piés a la cabeza.
No sé si será concluyente, determinante o significativo, pero el caso es que prefiero ser más bueno que malo. Ahora me toca ser paciente, impertinente, pacífico y sincero. No sé exactamente qué es eso. Creo que de los buenos. De los que mueren cuando menos te lo esperas.
Recuerdo una anécdota inolvidable. En un parking al aire libre, con los ojos cerrados, con la boca abierta y de noche. El pantalón por los tobillos y una brisa veraniega como si alguien me estuviera abanicando mientras una mujer fingía que me daba placer a la luz de la luna. Fue durante unos segundos de nada. Debo confesar que lastimosamente soy un ser muy poco agraciado, y al no haber probado nunca de esa manera las mieles de la gloria, mi inconsciente mezcló sin previo aviso la ficción de mi personaje con la realidad de mi yo, y acabé eyaculando de forma estrepitosa e inesperada en la cara de la actriz y delante de todo el equipo técnico. Lo mejor fue que tuvimos que repetir la escena.
Ahora que lo pienso..., qué vida la de los actores porno. Si la tuviera grande tal vez hubiera intenado tirar por ahí. Aunque en realidad yo no quería ser actor, si no veterinario.
Lo cierto es que yo quería ser frío y calculador, como el agente 007. O una de esas personas bohemias que siempre tienen algo interesante que decir, un punto de vista nuevo que mostrar, pero sin llegar a parecer gilipollas. Por cierto, también he sido un gilipollas de los piés a la cabeza.
No sé si será concluyente, determinante o significativo, pero el caso es que prefiero ser más bueno que malo. Ahora me toca ser paciente, impertinente, pacífico y sincero. No sé exactamente qué es eso. Creo que de los buenos. De los que mueren cuando menos te lo esperas.
Recuerdo una anécdota inolvidable. En un parking al aire libre, con los ojos cerrados, con la boca abierta y de noche. El pantalón por los tobillos y una brisa veraniega como si alguien me estuviera abanicando mientras una mujer fingía que me daba placer a la luz de la luna. Fue durante unos segundos de nada. Debo confesar que lastimosamente soy un ser muy poco agraciado, y al no haber probado nunca de esa manera las mieles de la gloria, mi inconsciente mezcló sin previo aviso la ficción de mi personaje con la realidad de mi yo, y acabé eyaculando de forma estrepitosa e inesperada en la cara de la actriz y delante de todo el equipo técnico. Lo mejor fue que tuvimos que repetir la escena.
Ahora que lo pienso..., qué vida la de los actores porno. Si la tuviera grande tal vez hubiera intenado tirar por ahí. Aunque en realidad yo no quería ser actor, si no veterinario.

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