2 de julio de 2010

[Relato] El dragón de dos cabezas

El fin comenzó con el dragón azul de dos cabezas en un ambiente apocalíptico y desolador. Revoloteaba constantemente sobre mi, ninguneando al viento con sus majestuosas alas produciendo un ruido estruendoso y aterrador. Cuando finalmente acordaban qué insinuarme, me daban palmadas compasivas con sus pezuñas en mi espalda desnuda y ensangrentada sin preocuparse de si me volvían a clavar sus garras afiladas o no. Pero lo peor venía cuando me susurraban fuego al oído. Un tormento de dolor y culpabilidad con esencias a pelo y cerebro quemado.

- Te jodes. – Sentenciaba con placer una de las cabezas.

No tenía tiempo para pensar qué me querría decir con eso. Antes de que se me enfriara un lado de la cara, ya me ardía el otro.

- Se acabó, homínido infame, no te mereces nada mejor. Nada.

Y se fue.

Antes de que se cerniera sobre mi la tormenta de brasas, me dio tiempo a repasar cada uno de los años que pasé allí de pie con el dragón. Miré hacia atrás por última vez, y su elegante figura comenzaba a extinguirse en la densidad de la atmósfera.

Cerré los ojos y las primeras brasas comenzaron a alcanzarme. Pensé que el dragón, en el fondo, me quería. Que me había estado aleccionado a su manera para afrontar dignamente mi último momento. Y que tal vez, ahora, estaría llorando mi pérdida en la intimidad de su vuelo.

Abrí los ojos y vi el cielo. La lluvia de brasas me había derribado mientras pensaba. Era el fin del fin, y boca arriba, aprovechando cada segundo que me quedaba de vida, me sentí un privilegiado.