21 de junio de 2010

Breves

Los problemas con la alergia que detallé la última vez que me pasé por aquí, han dado un giro de ciento ochenta grados. Un minuto y medio de consulta con el otorrino fue suficiente para descrubrir el culpable de todas mis desdichas alergólogas: el tabique nasal.

Los que me conocen bien, saben que lo tengo desviado hacia un lado (izquierda). Los que me conocen muy bien, saben el por qué. Para esto habría que remontarnos entre quince y veinte años. Iba yo volando con mi bici de la época cuesta abajo. Tomé una curva cerrada hacia la derecha, y en medio de la calzada me comí una piedra del tamaño de un zapato. Volé unos tres o cuatro metros y di en el suelo con la nariz y con la boca a partes iguales. El accidente fue grotesco. Además del tabique desviado, me quedé con una paleta rota (hace tiempo arreglada), y algunos dientes inferiores afectados.

Volvemos a la actualidad. Voy al otorrino y dice: "el tabique lo tienes desviado". Y a continuación me explica todas las consecuencias que ello supone. Son demasiadas cosas, algunas de ellas impronunciables, y en vez de memorizar algunas, intento memorizar todas, pero cuando dice "te tienes que operar de inmediato", me quedo traspuesto y olvido todo. Aún no he pasado por quirófano, pero cuando lo haga lo sabréis.

Dejando a un lado mis pobres infortunios, tengo que confesar que mi relación con la Agencia Tributaria es tal, que a un paso estuve de oficializar nuestro compromiso a través de facebook. Hace dos meses vi a mi piadre entretenido con los quehaceres de su borrador, y pensé de inmediato en la excesiva retención que los buenos de Hacienda ejercieron sobre los dos premios que conseguí el año pasado. Cuando llegó a casa mi borrador, menuda sorpresa. ¡Casi mil euros a mi favor! ¿Quién lo iba a decir viniendo de ellos? Una lastima que nuestro idilio no vaya a durar para siempre.

Profesionalmente hablando, todo es lento y en la mayoría de los casos desesperante. El colapso de ideas que tengo en la cabeza es indirectamente proporcional a la producción de éstas. Por lo tanto, la misma dieta de todos los días: paciencia.

¡Felicidades, Ángel!