Conjunto de fenómenos de carácter respiratorio, nervioso o eruptivo, debidos a la absorción de sustancias que producen en el organismo una reacción especial de rechazo.
Para espicificar, diré que las sustancias a las que se refiere, y que son las causantes de estos desvaríos, las desconozco..., aunque si tuviera que mencionar alguna sospechosa que tengo en el punto de mira, mencionaría los pelos de Murdoc.
El conjunto de fenómenos que me provocan son de lo más variado: mocos de los transparentes, estornudos consecutivos, congestión, escozor y ardor de ojos, tos seca... Un infierno.
El origen de esta broma de mal gusto surgió en Madrid el año pasado. Cuando llegó la primavera para reemplazar al invierno, me sorprendieron todos estos síntomas a la vez por primera vez en mi vida. Al principio pensé que serían unos días... Luego pensé que serían unas semanas... Y por último, tuve que aceptar el hecho de convivir con ello unos meses... Hasta que de un día para otro desapareció. Ya en Cádiz, ¿quién coño iba a pensar que me ocurriría lo mismo otra vez? Nadie. Pero, ¿a caso es eso concluyente? No.
Dos años consecutivos dan qué pensar. Como buen pragmático que soy, ya tengo mi primera hipótesis pragmática. Y como gran pesimista que soy, la hipótesis es desalentadora: voy a tener que lastrar esta alergia de mierda a lo largo de mi vida.
Para aquellas personas escépticas que no crean en las coincidencias, en el destino o en las paradojas, iré más allá, y aún sabiendo que todo es relativo, les diré que este caso está cinco puntos por encima de lo caprichoso y dos sólo por debajo de lo paranormal. Mi conocida alergia metafórica a la ciudad de Madrid, va a resultar motivo suficiente para que esta ciudad (tras haber vivido un año allí) me condene vengativamente a vivir con alergia literal primavera sí, primavera también.

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