4 de marzo de 2010

El rodaje

No tengo por costumbre sembrar mentiras en este preciado blog. Sí es cierto que suelo callarme ciertas intimidades o ciertos detalles, porque considero que sobrepasan los límites de la curiosidad, del interés público o de la decencia. Hoy no será menos, y después de una semana (donde casi ni me he metido en Internet) estoy aquí para hablar del rodaje.

El rodaje comenzó un par de semanas antes con su pre-producción. Hay cortometrajes que no necesitan demasiados preparativos.., pero este no era el caso, y cualquier pamplina requería su tiempo. Primero fue el cartel, algo sencillito. Si es cierto que se complicó la cosa a la hora de su impresión, pero finalmente, el último día, estuvo listo.

Luego fue el traje de Vincent (con pajarita burdeos incluída). Mencionar la mediación crucial de mi hermano a la hora de la negociación con la maravillosa tienda Isi de Cádiz para conseguir que nos lo prestaran a cambio de publicidad gratuita (véase estas líneas o los futuros créditos del corto).

El atril no nos costó tanto, y gracias a unos buenos contactos con la tienda de decoración Artefor Deco, en Chiclana, pudimos contar con uno precioso y que pesaba un quintal. Tuve que despertarme una mañana para coger el coche y cubrir expresamete esta necesidad.

Otra tarde estuvo dedicada a pegar carteles por el centro de Cádiz con el objetivo de alistar extras para ambientar el Falla. Como es de imaginar, las pocas personas que llamaron lo hacían para interesarse por los emulentos que pensaban recibir, o si, por el contrario, les daríamos de alta un día en la Seguridad Social.

La iluminación corrió a cambio de Guillermo, un buen hombre que trabaja con tecnología led y otras juguetitos que hacen los ojos chiribitas. Nos dejó dos PC de 1000/w con dos filtros (uno azul y otro naranja) que fueron de maravilla. Si recordara el nombre de su empresa escribiría una reseña, pero ahora mismo no la tengo en mente. Dejo aquí este espacio para su futura mención.

Pero no todo iban a ser buenas noticias. Y el sonido en directo nos falló. Una productora gaditana se había compremetido con nosotros desde hacía meses para cubrir este puesto técnico fundamental, pero a la hora de la verdad, por diversos motivos, se ve que no pudo ser... Sin otras opciones, hemos tenido que doblar todo con el micro de la mismisíma cámara a una calidad muy inferior al umbral de lo recomendable. Increíble. Sin embargo, esta productora nos facilitó las cosas para dar con el perfil del crítico, Asencio Salas, un hombre la mar de simpático.

Tras mucho tiempo y dedicación, llegamos al día del rodaje. Lluviso. La planificación, a priori, era sencilla. Dos turnos: uno por la mañana (de 9.00 a 14.00) con los planos de Antonio Reguera; y el otro por la tarde (de 16.00 a 19.00) con Asencio y los extras.

El turno de la mañana estuvo condicionado por un retraso importante a la hora de empezar. A pesar de eso, lo más importante se rodó bien y con mucha calma. Bien iluminado y con una actuación de Antonio fuera de serie.

A última hora de la mañana, rodamos con muchas prisas y dejando los resultados en manos de la improvisación, una secuencia que escribí el día anterior (para una versión casi alternativa) por si las suertes que nos aguardaban a la tarde venían mal dadas (como así ocurrió). Esta secuencia contó con la inestimable colaboración de Agustina, musa en la realidad y en la ficción de nuestro célebre protagonista.

A eso de las tres, dimos por acabada la primera parte del rodaje, y Ángel y yo nos fuimos a comer. Aprovechamos el tiempo para descansar, para valorar los planos que teníamos hasta el momento, y para definir con precisión de qué modo íbamos a afrontar la recta final. Lo díficil. El rollo de los extras.

Asencio había llegado más que puntual, y aprovechamos para preparar con él sus planos. Sin embargo, no tardamos mucho en darnos de bruces con la cruda realidad. A las cuatro y media aún no había nadie. Y a las cinco, seis personas (todos familiares y/o amigos). Es uno de esos momentos en los que acabas aprendiendo una valiosa lección. O sobornas a los extras con dinero fresco, o evitas involucrar tu personalidad en tales fregados.

Después de mucho empeño y trabajo no estaba preparado para verme en aquella circunstancia tan vergonzosa, y durante una hora y media larga (que en un rodaje pueden equivaler tanto a quince horas como a siete minutos) me carcomí por dentro poco a poco hasta perder el norte y la concentración, y desorientado en el caos tiré para alante con lo puesto y sin más ganas de seguir en aquel Teatro silencioso, impasible y juicioso, acostumbrado ya después de sus 100 años a ser testigo de incontables exitos y otros tantos fracasos.

Fue a las cinco y media cuando conseguimos reunir a quince personas (más familiares y/o amigos), y comenzamos a rodar la segunda parte del rodaje a un ritmo infernal, ya que a las siete se daría por finalizado aquel paripé. Pensaba entrar en algunos detalles, pero no merece la pena recrearme mucho más en mis lamentables desdichas. Cuando acabamos, recogimos todo el material, nos hicimos algunas fotos en la escena del crimen, y luego nos fuimos a descansar un poco para por la noche poder emborracharnos como manda la tradición.

Agradecer infinitamente y con mucho cariño a todas las personas que estuvieron allí su presencia, y a todos aquellos que colaboraron directa o indirectamente en toda esta historia. Nada más al respecto. A ver si el 2010 pronto mejora, que a este ritmo es serio candidato a convertirse en el peor año de todos.

"O que despidan al guionista."