Hoy ha sido mi segundo día con resfriado de manera consecutiva. Ayer, el primero, me fui a la cama consternado tras haber desperdiciado todo un día sin haber hecho nada productivo. Menos mal que en la cama hubo tiempo de sobra para la autocrítica y la reflexión.
Y dio sus frutos. Tantos que, al despertar esta mañana con muy pocas ganas de redimirme, me he puesto delante del ordenador y he decidido (después de ojear mis cosas) que, o bien empezaba a hacer la carátula del tercer corto, o bien me ponía con el guión. La última palabra la tuvo el azar, que quiso caprichosamente que se impusiera la carátula como deber prioritario.
Y a falta de la contraportada y algunos detalles más, éste es el resultado. Me gusta. Estéticamente no tiene nada que ver con el corto. Ni con la idea de carátula que tenía en la cabeza inicialmente. Pero me gusta. Es radical. Y las cosas radicales también me gustan. Sobre todo cuando me benefician.
Y dio sus frutos. Tantos que, al despertar esta mañana con muy pocas ganas de redimirme, me he puesto delante del ordenador y he decidido (después de ojear mis cosas) que, o bien empezaba a hacer la carátula del tercer corto, o bien me ponía con el guión. La última palabra la tuvo el azar, que quiso caprichosamente que se impusiera la carátula como deber prioritario.
Y a falta de la contraportada y algunos detalles más, éste es el resultado. Me gusta. Estéticamente no tiene nada que ver con el corto. Ni con la idea de carátula que tenía en la cabeza inicialmente. Pero me gusta. Es radical. Y las cosas radicales también me gustan. Sobre todo cuando me benefician.

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