13 de diciembre de 2008

Magnolias

¡Hola!

Dada mi saturada situación, pocas veces tengo el tiempo y las ganas de escribir esas cosas que normalmente escribo por aquí. Sin embargo, es más cómodo y tal vez más atractivo el hecho de actualizar con otro tipo de arte distinto que exprese lo mismo pero con pocas palabras.

De este modo, he buscado en youtube una escena, de una de mis películas predilectas, que es tan asombrosa como espectacular, y que da paso al tercer acto con un estilo prodigioso, y que dentro del amor que le guardo siento un coraje y un odio contradictorio por el hecho de no haber sido yo quien lo haya ideado todo. El autor es Paul Thomas Anderson, y la película es Magnolia, la cual recomiendo que veáis por encima de todas las cosas. Y si ya la habéis visto, pues disrutadla una segunda, una tercera y una cuarta vez.

Os dejo con esta maravilla y espero que os llegue a lo más profundo de vuestras almas.


10 de diciembre de 2008

Fotos del rodaje

Los actores: David, a la izquierda; y Rodrigo, a la derecha.

Antes de tirar una toma con David.

Antes de tirar una toma con Rodrigo.

Y el culpable de todo al final del día: cansado y moribundo.

3 de diciembre de 2008

La hora de la 'partida'

La idea comenzó condicionada por las limitaciones expresivas de las que disponíamos para elaborar el guión de nuestro primer corto en el máster (sin diálogos y en exteriores). Como hombre frío y calculador que siempre he demostrado ser, un par de semanas antes de desembarcar en Madrid ya tenía escrita una historia para mi primer encuentro con el cine: 'El controlador de espacios' (relato que se encuentra más abajo).

Pero nada más lejos de la realidad. Al contar esta historia con varios personajes (5) fue descartada de inmediato poco antes de presentar oficialmente nuestras primeras ideas, viéndome condenado a una vida triste de reflexiones forzadas. Y así fue, no recuerdo muy bien de qué manera, como se me vino a la cabeza una simple partida de ajedrez...

Y de este modo la historia se fue desarrollando. Y las secuencias iban tomando cuerpo de secuencias. Y el guión parecía un guión de verdad con mi firma impresa. Y yo estaba contento porque había conseguido incluir cierta transcendentalidad al asunto y ya no se trataba de una simple partida de ajedrez. Y cuando di por cerrado el guión, elaboré un plan de rodaje milimétrico para mis compañeros que componían el equipo técnico. Y tomé fotos de los tiros de cámara. Y me encargué de la pre-producción total junto con la ayuda de Laura, del catering y hasta de unas carpetitas con las funciones de cada uno...

Y el día del rodaje llegó. Y fue una mierda.

Tardamos una hora y media en tirar el primer plano porque el director de fotografía no sabía muy bien qué tenía que hacer. Esto rompió todo plan de rodaje elaborado, así como todo guión literario escrito. Y como esto se trata de tomar decisiones, yo las tomé. Y eliminé planos. Y blasfemé en silencio. Y desesperé cuando observaba como el sol se iba. Y me acordé de Fortuna cuando varios operarios de limpieza del parque se encargaban de recoger todas las hojitas caídas de los árboles con máquinas que producían ruidos infernales, precisamente ese día, mandando al garete todo el sonido que recogía la pertiga. Y cuando mejor iba la cosa, tirando planos con tomas únicas, se acabó la memoria de la tarjeta (p2) y tuvimos que ir a la escuela a volcarla. Y otra media hora larga perdida. Y mil infortunios más.

Fue un día muy extraño. Hicieron dos grados y yo ni me enteré. Llegué a casa bastante decepcionado por fuera y triste por dentro. Lo que había sido para mí un guión muy interesante, se había convertido para mí en pocas horas en una basura... Pero ésto no fue todo.

Cuando me traje a casa todos los brutos de audio y vídeo para montar aquí tranquilo, vi como muchos de los planos estaban quemados, como la pertiga salía en varios planos generales, como el audio era un desastre, como la claqueta informaba erróneamente de los planos que tomaba la cámara..., y bla y bla y bla. Y me acordé de nuevo de la planificación que elaboré con tanta meticulosidad, y de todas las fotocopias que hice para todo el mundo con la intención de evitar estas mierdas... Y luego me tranquilicé pensando en mis cosas.

Poco a poco he ido montando el corto plano a plano. Cortando un poquito de aquí y un poquito de allá. Coloreando alguna toma. Y cambiando el corto según mis posibilidades. Ya veremos cómo acaba.

Y ésta, queridos lectores, es la historia de la historia de La hora de la 'partida'. Espero que me disculpen el brote neurótico que he sufrido mientras recordaba todo.

¡Un saludo a todos!

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